14 nov. 2011

Sobre Gestión Cultural, Patrimonio Cultural y Recursos Culturales

Después de mucho tiempo me siento a escribir algunas ideas de algunos temas que tengo en mente. En esta ocasión, me parece muy interesante discutir sobre el suplemento Orientación Vocacional de la revista Somos del diario El Comercio publicada el 5 de Noviembre del 2011. Esta edición es especialmente importante porque trata sobre el tema de Gestión Cultural y Patrimonio Cultural. Las entrevistas que llamaron mi atención fueron las hechas a Pedro Pablo Alayza (de la Gerencia de Cultura de la Municipalidad de Lima), Elías Mujica (consultor en temas de Gestión, incluyendo la Ruta Moche), y Guillermo Reaño (docente de la Universidad Ruiz de Montoya).

Un elemento común de estas entrevistas era el concepto de qué realiza el Gestor Cultural. Alayza lo considera un administrador, Mujica lo ve como un cooordinador-administrador, mientras que de la entrevista de Reaño se puede considerar que el Gestor es una mezcla de administrador y promotor. En todos los casos, el Patrimonio Cultural se ve como Recurso Cultural, es decir, un bien potenciable para entrar en el ámbito económico, en estos casos usualmente referido al turismo. Todos concuerdan además que los beneficios económicos que se consigan deben retribuirse a la población que vive cerca a estos recursos. 

Lo interesante de la definición de Gestor Cultural es que todos los entrevistados dan una definición muy particular y personal, lo cual nos indica que aún no tenemos una definición clara y común de esta profesión (y es que también es realizada por profesionales de distintas especialidades). Así mismo, Patrimonio Cultural no puede ser sinónimo de Recurso Cultural, pues no todo Patrimonio Cultural puede o debe convertirse en un recurso económico para el turismo. Y en este caso, debemos criticar también nuestro punto de vista sobre el Patrimonio. 

Mujica plantea que "Un sitio arqueológico o cualquier edificio es patrimonio en la medida en que está relacionado con la comunidad de su entorno. Si no se vincula a la comunidad que vive en torno al patrimonio, este pierde sentido, lo que hace que se vuelva imposible conservarlo". Concuerdo con la primera parte, pero la segunda parte es discutible, dado que sólo toma en cuenta la posición del especialista. Se dan casos, por ejemplo, en los cuales la población circundante sigue utilizando los sitios arqueológicos, solo que con otros fines: para guardar ganado, como base elevada para sus casas en zonas donde llueve mucho, canchas de fútbol, etc. Para aquel especialista que considera que los sitios arqueológicos no pueden tener otro uso que no sea destinado al turismo o a la investigación, puede parecer una aberración este tipo de uso. Sin embargo, en la medida que "sirve" a su comunidad de entorno, no se destruye, sino que se conserva pues se aprovechan las características físicas de estos sitios. El punto aquí sería monitorear y estas formas de uso, planteando alternativas si se observa que pueden dañar el sitio (sobre todo si no hay una intención de realizar una excavación en él en un futuro cercano), sin contar que se debe replantear el concepto de "inalienable" e "intangible" que nuestra legislación le da a los sitios arqueológicos.

De las tres entrevistas, la de Reaño es la que plantea de manera más crítica la situación actual sobre la Gestión del Patrimonio Cultural, y con mucha razón. Él considera que los arqueólogos y biólogos, entre otros especialistas dedicados a la investigación, son los menos indicados para promover un Recurso Cultural, y dada la tendencia conservacionista que pueden tener estos especialistas (después de todo, la idea es conservar y tener control del objeto de estudio antes que dejarlo a su suerte en el mercado del turismo), concuerdo con su observación. Sin embargo, también es cierto que en las últimas décadas muchos de estos especialistas se han caracterizado por tener una visión más interdisciplinaria y tienden a entender mejor el mercado. Creo que lo ideal sería captar a quienes tienen este interés y promover su visión académicamente (como sucede en Diplomados y Maestrias recientes en nuestro medio). En todo caso, creo que lo más importante es que los arqueólogos (y hablo a título personal aquí) seamos conscientes de que no podemos ser "todistas", y antes que gastar muchos fondos en programas de desarrollo de turismo local sin ningún estudio del área o el apoyo de otros especialistas, es mejor no realizarlos.

Lo que estamos observando en los últimos años es que existe una mayor interdisciplinariedad en cuanto a los proyectos que tienen que ver con Gestión Cultural, y la necesidad de capacitar a los especialistas encargados de cada proyecto. Muchas de estas experiencias se tocaron en el I Simposio Internacional de Arqueología Pública SOKENDAI-PUCP que se realizó a fines de Septiembre del 2011, cuyas actas publicaremos pronto en Arkeos. Espero que de opción a integrar a mayor cantidad de personas interesadas en este tema, y plantear más posibilidades para nuestro Patrimonio Cultural que sólo el turismo.


12 feb. 2011

Sobre invasiones de tierra y patrimonio

Hace poco menos de un mes, el 20 de Enero pasado, se cumplieron dos años del desalojo al Bosque de Pómac, y fue recordado con un merecido homenaje a los dos policías caídos en el operativo. Gracias a esta intervención se lograron recuperar 1700 hectáreas del Santuario Histórico Bosque de Pómac, las cuales fueron invadidas en el año 2001. Dentro de esta área, se encontraba una importante cantidad de flora y fauna nativa, además de importantes sitios arqueológicos, los cuales fueron en muchos casos arrasados por el accionar de los invasores.

Si bien sería ideal que después de esta intervención no hubiesen más intentos de invasión, la realidad es diferente. Después del desalojo, hubieron varios intentos de invasión al bosque, los cuales fueron detenidos a tiempo por el accionar del destacamento policial que se ha establecido en el bosque. Más aún, el área aledaña al Santuario, dentro de lo que es considerado la zona de amortiguamiento, también ha tenido problemas de invasiones. Durante el mes de Diciembre pude observar cómo el colegio primario ubicado en el caserío La Zaranda fue víctima de uno de estos intentos por algunos pobladores de la misma zona, quienes fueron azuzados por traficantes de tierras. Da que pensar cómo algunos pobladores se dejan convencer para invadir los terrenos del colegio donde estudian sus hijos o donde estudiaron ellos mismos.

¿Cómo podemos entonces entender esta realidad? ¿Qué tipo de argumentos usan los traficantes de terrenos para convencer a los pobladores de una determinada zona? 

El fenómeno de las invasiones no es tan nuevo. La inmigración desde las provincias a la capital hicieron que Lima sufriera enormemente este fenómeno desde mediados del siglo XX, dando a lugar a distritos populosos como Villa el Salvador. Este fenómeno se justificaba por la necesidad de conseguir tierras para la gente que buscaba un mejor futuro en la capital. Inclusive se defiende esta posición por ley, en la que sólo las primeras 48 horas de invadido un predio el invasor puede ser retirado por la fuerza policial, pero una vez pasado este tiempo, el invasor sólo puede ser retirado tras un proceso judicial.

Bajo este argumento, y bajo las premisas del populismo político que se da durante las elecciones municipales, regionales o presidenciales, muchos traficantes de tierras convencen a pobladores de distintas zonas que hay una manera de hacerse de más terrenos con la condición de que les paguen una cuota. Más aún, sabiendo que durante ciertas fechas (feriados largos, elecciones, etc.) la policía esta destacada en áreas urbanas, aprovechan dichas fechas para invadir terrenos, muchas veces de manera violenta y con armas, amedrentando así a los propietarios que quieran defenderlas.

¿Cuáles son las tierras más propensas a invasiones? Pues aquellas que pertenecen al estado o que pertenecen a cooperativas que por problemas internos no pueden organizarse para repeler estas invasiones. El gran problema para el Patrimonio Arqueológico e Histórico es que muchos de estos vestigios se encuentran en estas tierras, siendo muchas veces arrasados por la construcción de viviendas y la adaptación de terrenos para la agricultura. Más aún, al ser áreas propensas a violencia, muchas veces ni se permite la entrada a arqueólogos para al menos recuperar parte de estos vestigios. 

Este es un problema serio que atañe no sólo a los organismos del gobierno relacionados a lo económico y a la propiedad, sino también a lo cultural. por lo que debe ser incluido dentro de una clara política cultural en los próximos gobiernos. Si el Santuario Histórico Bosque de Pómac no ha sido perdido nuevamente es por la esmerada labor que realiza conjuntamente el SERNANP, la Policía Nacional, el Museo Sicán y parte de la población local que ha sido captada y capacitada para la defensa de este Santuario. Se debe entonces pensar en soluciones similares o adaptar estas soluciones a otras realidades, pero a nivel de política estatal. De no hacerlo, el proceso de las invasiones va a continuar y puede inclusive volverse más violento.