12 feb. 2011

Sobre invasiones de tierra y patrimonio

Hace poco menos de un mes, el 20 de Enero pasado, se cumplieron dos años del desalojo al Bosque de Pómac, y fue recordado con un merecido homenaje a los dos policías caídos en el operativo. Gracias a esta intervención se lograron recuperar 1700 hectáreas del Santuario Histórico Bosque de Pómac, las cuales fueron invadidas en el año 2001. Dentro de esta área, se encontraba una importante cantidad de flora y fauna nativa, además de importantes sitios arqueológicos, los cuales fueron en muchos casos arrasados por el accionar de los invasores.

Si bien sería ideal que después de esta intervención no hubiesen más intentos de invasión, la realidad es diferente. Después del desalojo, hubieron varios intentos de invasión al bosque, los cuales fueron detenidos a tiempo por el accionar del destacamento policial que se ha establecido en el bosque. Más aún, el área aledaña al Santuario, dentro de lo que es considerado la zona de amortiguamiento, también ha tenido problemas de invasiones. Durante el mes de Diciembre pude observar cómo el colegio primario ubicado en el caserío La Zaranda fue víctima de uno de estos intentos por algunos pobladores de la misma zona, quienes fueron azuzados por traficantes de tierras. Da que pensar cómo algunos pobladores se dejan convencer para invadir los terrenos del colegio donde estudian sus hijos o donde estudiaron ellos mismos.

¿Cómo podemos entonces entender esta realidad? ¿Qué tipo de argumentos usan los traficantes de terrenos para convencer a los pobladores de una determinada zona? 

El fenómeno de las invasiones no es tan nuevo. La inmigración desde las provincias a la capital hicieron que Lima sufriera enormemente este fenómeno desde mediados del siglo XX, dando a lugar a distritos populosos como Villa el Salvador. Este fenómeno se justificaba por la necesidad de conseguir tierras para la gente que buscaba un mejor futuro en la capital. Inclusive se defiende esta posición por ley, en la que sólo las primeras 48 horas de invadido un predio el invasor puede ser retirado por la fuerza policial, pero una vez pasado este tiempo, el invasor sólo puede ser retirado tras un proceso judicial.

Bajo este argumento, y bajo las premisas del populismo político que se da durante las elecciones municipales, regionales o presidenciales, muchos traficantes de tierras convencen a pobladores de distintas zonas que hay una manera de hacerse de más terrenos con la condición de que les paguen una cuota. Más aún, sabiendo que durante ciertas fechas (feriados largos, elecciones, etc.) la policía esta destacada en áreas urbanas, aprovechan dichas fechas para invadir terrenos, muchas veces de manera violenta y con armas, amedrentando así a los propietarios que quieran defenderlas.

¿Cuáles son las tierras más propensas a invasiones? Pues aquellas que pertenecen al estado o que pertenecen a cooperativas que por problemas internos no pueden organizarse para repeler estas invasiones. El gran problema para el Patrimonio Arqueológico e Histórico es que muchos de estos vestigios se encuentran en estas tierras, siendo muchas veces arrasados por la construcción de viviendas y la adaptación de terrenos para la agricultura. Más aún, al ser áreas propensas a violencia, muchas veces ni se permite la entrada a arqueólogos para al menos recuperar parte de estos vestigios. 

Este es un problema serio que atañe no sólo a los organismos del gobierno relacionados a lo económico y a la propiedad, sino también a lo cultural. por lo que debe ser incluido dentro de una clara política cultural en los próximos gobiernos. Si el Santuario Histórico Bosque de Pómac no ha sido perdido nuevamente es por la esmerada labor que realiza conjuntamente el SERNANP, la Policía Nacional, el Museo Sicán y parte de la población local que ha sido captada y capacitada para la defensa de este Santuario. Se debe entonces pensar en soluciones similares o adaptar estas soluciones a otras realidades, pero a nivel de política estatal. De no hacerlo, el proceso de las invasiones va a continuar y puede inclusive volverse más violento.

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